NIGHTINGALE & CO

La llamada

dudas

De esta mujer no sabemos siquiera su nombre. La imagen fue tomada después de diecisiete horas de cirugía ininterrumpida. Tras ese tiempo en el que ha tenido que olvidar hasta las propias funciones de su cuerpo, sólo le alcanza fuerza para desplomarse en un taburete dentro del mismo quirófano. No se ha despojado aún del gorro quirúrgico. Su mirada permanece baja. Quizás antes de comenzar su guardia, dejó a su hijo con fiebre alta, o estaba preocupada porque ese día su hermana se quedó sin trabajo…

Apoya la cabeza en su puño en el gesto inequívoco del que piensa. O incluso del que duda. Porque hay una pregunta que queda siempre flotando en las salas de hospital, quirófanos, salas de parto… ¿Habrá merecido la pena?

La ausencia del hogar, el desgaste físico,  la necesidad de concentrarse durante horas, expone al personal de enfermería a una responsabilidad que queda muy por encima de la recompensa monetaria que recibirá al final de mes. ¿Cómo y por qué caminos llega entonces esta mujer a ser enfermera?

Siempre se ha dicho que la enfermería es una profesión de “vocación”. La etimología nos dice que esta palabra proviene del latín vocatio, que indica la acción de llamar y el hecho de ser llamado. Se trata por tanto de una atracción. Algo tan fuerte que te impulsa a ayudar a un semejante. Esto sucede así cuando el proyecto vital, la manera en que se elige estar en el mundo, implica cuidar al otro.

Las enfermeras sabemos bien, que la vida de un ser humano es irrepetible. Al nacer, cada uno de nosotros porta una dignidad y una gracia, que por humilde que se sea, nadie podrá sustituir. Lo que nos hace más humanos es, precisamente, vivir entre humanos. Esa es nuestra llamada, nuestra voluntad, nuestra elección.

Para ser fieles a nosotras mismas y dar un sentido a nuestra existencia, la enfermería pone al otro, al que está enfermo, en primera fila. Le da su conocimiento, su cuidado, su fuerza, su tiempo, incluso su propio ser. Este es su compromiso. Lo que hace sostenible que alguien luche por la vida de un desconocido como si fuera de la familia.

Ser enfermera supone aprender un arte de vivir, o como diría Fernando Savater, una ética. Al reconocer la humanidad de nuestros pacientes, de nuestros semejantes, estamos reconociendo la nuestra propia. Elegimos esta forma de vivir, libremente, porque es lo que da sentido a nuestra vida. Porque es irrepetible.

 

 

 

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