NIGHTINGALE & CO
Nightingale&Co es un blog de carácter personal, formado por un grupo de profesionales sanitarios preocupados por el cuidado integral de las personas, y cuyo compromiso se centra en aportar una visión reflexiva donde la experiencia y los diferentes puntos de vista de los profesionales implicados en los cuidados, puedan servir para mejorar la calidad en la asistencia profesional basada en la evidencia.

«Un Camino» por Ana María Medina Reina

Querida Maya:

Tu padre levanta la azada escarbando en la tierra. Lo hace sin cuidado, como si quisiera abrir el barro en dos y apelmazarla luego a los lados. Una herida, eso es lo que parece. Ignora que entre sus aguas y terruños te encuentras tú. Unas cenizas. Qué poco puede quedar de una niña de pocos meses… Huesos frágiles y piel. Quiere plantar unos narcisos en el jardín y ordenar el curso de su vida. Como si eso fuera posible. Llenar el verde infinito de la hierba. Poner una nota de color, me dice. Yo he levantado los ojos por un momento para mirarle. Quería que te viera una vez más. Aunque fuera reflejada en mis pupilas dilatadas. Que recordara la suavidad del pulpejo de tus dedos. Luego me he levantado del banco y he entrado en casa para no verlo. Te guardé durante muchos días en una vasija de cristal transparente, hija mía. Necesitaba ver lo que eras ahora para recordar lo inolvidable. Algo que me detuviera en mitad del pasillo para que no entrara en la habitación al escuchar tu llanto. Porque sigo oyéndolo en medio de la noche, mi vida.

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Foto de internet libre acceso

Un canto al fondo del pasillo que guía mi vida. Un sonido invisible. A esas horas mis pechos se yerguen y llenan de leche a tu llamada. Mi vientre añora tus patadas, se siente vacío. Te busca. Mi cuerpo no ha entendido aún tu marcha. En medio del silencio enciendo el sacaleches y lo prendo a mis pezones. El murmullo del extractor se repite una y otra vez y me mece como el arrullo de un gato satisfecho. Duele. Siento calambres. La leche sale y va subiendo el nivel de la botella. Cada marca en la línea medidora canta tu ausencia. Persigue tu boca. Pura vida. Eso parecía cuando se escurría por la comisura. Cuando acabo la guardo en el congelador con la fecha y la hora escrita con claridad. Volveré a repetir el ritual cada tres horas. Ya no hay tiempo. Sólo esos plazos de tres horas. El día, tu día, es un puñado de botellas de cristal llenas de leche.

Cuando volví del hospital, habían hecho desaparecer todos tus muebles y ropa. La cuna ya había dejado un cerco oscuro en el papel de la pared color malva. Te había pintado un crepúsculo de tonos rosas, con un sol sonriente rodeado de nubes. La mudanza apresurada había dejado trozos de papel arrancado y tirados por el suelo. Todo parecía sucio. Sólo quedaba la mecedora. Porque yo no había desaparecido, supongo. Me sentaba a contemplar ese sol pintado con las cortinas cerradas. Sus mofletes hinchados en una sonrisa forzada. Cuando ya no lo pude soportar, colgué el póster de Chase encima. Ese en el que una mujer espera en un banco mientras su hija avanza titubeante apoyada en un muro de piedra. La luz intenta llegar a través de las copas de los árboles. Pero la piedra se alza contra todo. Sólo están ellas. Una mujer sin rostro e inclinada en el banco, vigilando los pasos de su hija. Unas escaleras al fondo esperando el descenso. Quizás eso es lo que soy. Una madre sin rostro. Unas pinceladas en tono ocre. Maya, Maya…Te escucho. Sólo quiero oír el sonido de las hojas al moverse con el viento de la tarde. Mientras, agarro los brazos de la mecedora y me impulso con los pies. Al abrir la palma de la mano sobre la madera, siento frío. Como si lo que tocara fuera piedra. Ya estoy construyendo nuestro muro, niña. Hoy he ido al hospital para llevar tu leche. Las botellas están apiladas en la nevera que llevo apoyada contra mi pecho. No quiero que choquen unas con otras y el cristal se rompa. Al llegar al banco de leche aprieto el timbre y espero la llamada.

Dejo en la mesa la nevera, para lavarme las manos y ponerme la mascarilla. Cuando llegue la enfermera, rellenaré los formularios de donación. La puerta se mueve y aparece Lily. Ya la conoces Maya. Ella te acunó y bañó cientos de veces cuando enfermaste. Con sus manos dirigía el curso de tu vida cuando te conectaba la mascarilla. Me ayudó a vestirte con tu vestido blanco cuando…Nos miramos. Quiero salir de allí. Pero no lo permite. Me abraza. Canta una letra en mi oído mientras mueve sus brazos en mi espalda. Lo reconozco. Así lograba dormirte a ti. Luego me lleva de la mano hacia la UCI. Me resisto. No quiero volver. Pero mis pies siguen el surco que mis zapatos habían dejado meses atrás. Un camino. Lily se detiene junto a una de las cunas sin soltarme. Tira de mí para que me agache. Una madre sostiene a un niño. Parece diminuto. Sus costillas se cierran con dificultad, pero sonríe y mueve los brazos. La mujer sostiene una jeringa llena de leche y la introduce en la boca del bebé poco a poco. Hay gotas que se escurren por la comisura. Pura vida, pienso. Lily señala con el dedo la botella de leche donada, que se encuentra en la mesilla.

La fecha y la hora escritas. Es mi letra. Tiemblo. La mascarilla se arruga porque intento respirar y no puedo. La otra madre eleva la cabeza y me mira. Lo entiende todo. La leche es otro camino entre nosotras. Se levanta del sillón con su niño. Lo aleja de su cuerpo para ponerlo en mis brazos. Apenas pesa. Pero se apoya contra mí. Su calor llega a través de la piel. Lo abrazo. Le canto tu nana, Maya.Su corazón late rápido. Siento su roce en mi pecho. Duele. Lily sigue conmigo. Quiero devolver el niño a su madre, pero lo retengo. Quiero recordar el roce de esa piel fina contra la mía. El rumor de la vida girando en esos pies diminutos, que se mueven debajo del arrullo. El sonido de las hojas llega a través de los cristales movidas por el viento de la tarde. Sé que me esperas, niña. Estás andando con una mano apoyada en el muro de piedra. Sólo unos pasos por delante de mí.


¡Ojalá! por Irene Arribas

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Fotografía: Irene Arribas, enfermera UCI HUF (todas las fotografías tienen copyright)

Ojalá:

Ángel, Jose, Manolo… No sé porqué hoy me acuerdo un poco más de ellos. No sé si es porque ayer al leer el texto de mi compañera Tomy se me abrieron heridas que aún no están cerradas o porque en el turno de noche estuvimos hablando de esos momentos con ellos o sí porque cada vez que veo a alguien sin mascarilla les recuerdo un poco más. Quizás sea un poco por todo.
Y es que la mayoría ya os habéis olvidado, no sólo de ellos, sino de todos; de los fallecidos, de los que estuvieron ingresados, de las familias que no pudieron despedirse, de los sanitarios y no sanitarios que han estado día sí y día también al pie del cañón, pero es que incluso habéis olvidado esos buenos propósitos que decías… «a partir de ahora voy a valorar más los pequeños detalles» … Pues empecemos por valorar lo más simple y a la vez lo más grande, LA VIDA.
La vida que nosotros sí tenemos, pero que ellos: Ángel, Jose o Manolo, entre otros, no tienen. Valoremos que hemos tenido la suerte de no caer enfermos o no haber estado tan grave, valoremos el no haber perdido a ningún familiar, valoremos el simple hecho de estar vivos y poder ayudar a evitar que ese infierno se repita.
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Fotografía: Clara Laguna, enfermera UCI atendiendo a un paciente crítico por Covid19
Sí, yo también he ido a ver a mis familiares o amigos y he ido a tomar algo a alguna terraza, siempre con miedo pero intentando ganarle la batalla a ese maldito miedo cumpliendo con las medidas de higiene establecidas.
Y es que mientras algunos hacéis lo que os da la gana con esas medidas de higiene, otros seguimos llorando por las noches, seguimos teniendo pesadillas, llegamos a casa después de ver a los nuestros y lloramos, porqué el miedo sigue estando, es difícil vencerlo, sufrimos crisis de ansiedad al estar en una terraza o al asomarte a la ventana y ver lo que está sucediendo en la calle. Yo personalmente soy incapaz de ver las noticias sin llorar, siento rabia e impotencia al ver los parques y las terrazas llenas sin cumplir ninguna norma de higiene, sufro estrés, ansiedad y sigo en esa montaña rusa de emociones que me ayuda a gestionar mi psicóloga cada semana, porqué puedo llorar de alegría al ver a grupos con mascarillas y respetando la distancia social y al rato llorar pero de pena de ver que alguien siempre se salta esas medidas.
Siento tristeza de ver que se nos ha olvidado todo demasiado rápido. Hace dos meses estábamos unidos, todo eran buenos propósitos y ahora… Ahora estamos más divididos que nunca, cada uno pensando en su ombligo y olvidándose del resto.
Ojalá y esa inconsciencia de algunos no haga que se repita, ojalá no se llenen otra vez los pasillos de los hospitales de gente por el suelo, ojalá no se vuelva a morir nadie por falta de camas, ojalá no se muera nadie solo y no porque algunos no estemos preparados psicológicamente, sino porqué nadie más tenga que vivir ese infierno.
Recordemos esos buenos propósitos de hace dos meses, por Manolo, José o Ángel entre otros muchos, pero sobre todo por tí, porqué no seas tú quien tenga que vivir ese infierno.
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Fotografía: Irene Arribas, Enfermera UCI – HUF, Madrid.
Irene Arribas
Enfermera de UCI

In Memoriam

En estos últimos diez días a las 12 del mediodía se paraba la actividad para brindar un minuto de silencio en homenaje a todos esos fallecidos por el Covid19, las banderas a media asta. El período de luto oficial más largo de los últimos tiempos. ¿Os habéis puesto a pensar qué siente un paciente durante todo el proceso de ingreso en un hospital, su paso por distintas áreas hasta llegar a la UCI?

Después de vivir lo más duro de esta gran pandemia y tras las experiencias de los pacientes que han sobrevivido; he intentado ponerme en la piel de aquel que se quedó por el camino -que fueron muchos, no es un caso concreto- ni un nombre concreto, es la mezcla de varias situaciones.

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Fotografía : Clara Laguna, enfermera de la  UCI -Hospital Universitario de Fuenlabrada © Madrid.

“ Llevo varios días en Urgencias, llegué con mi familia y no dejaron que me acompañará, ahora estoy SOLO, he tenido la suerte de estar en una cama y en un  box independiente, no respiro bien desde hace días; veo gente correr por aquí, por allá, oigo lamentos de sanitarios que a la desesperada intentan reanimar al señor de al lado…no lo consiguen ,ojos de tristeza, alguna lágrima y yo….sigo sin respirar bien, los médicos me visitan y me dicen que vamos a intentar que entre más aire en los pulmones y para ello me tengo que tumbar boca abajo con una mascarilla que tiene una bolsa, que veo como se infla y desinfla según respiro, así llevo dos días; como no aguanto más y cada vez estoy más débil,  me informan que me suben a la UCI. Viene el celador y coloca la bolsa de mis cosas debajo de la cama y empieza a empujarla por esos pasillos largos de los cuales yo sólo veo las rayas del suelo por que sigo boca abajo.

Por el camino me acompaña una jovencísima doctora, podría ser mi nieta, me va explicando con ternura todo lo que me va a hacer en ese momento…

”” Verás, como te cuesta respirar bien, te vamos a dormir un poco para poder ponerte un tubo en la boca y así poder respirar con ayuda de una máquina, y que tus pulmones   descansen un tiempo, después te cogeremos una vía para poder ponerte la medicación adecuada y que estés lo más confortable posible y poder recuperarte pronto, tu piensa en cosas bonitas”

Pienso en ver a mis nietos… (y todo esto me lo dice cogiéndome la mano y apretándomela con fuerza).

La miro, tiene los ojos vidriosos, me da penita. Por una vía que me cogieron en la Urgencia me han puesto algo porque me vence el sueño y noto que me estáis dando aire con una cosa que habéis apoyado en mi cara y ahora me estáis poniendo un tubo y me auscultáis y conectáis por fin a un respirador, la máquina respira por mi ¡qué alivio siento! Me cubren con una sábana para poder cogerme una vía central y así poder conectarme más perfusiones por si fuera necesario, me cogéis la arteria y la monitorizáis, una sonda vertical y la sonda nasogástrica…me hacéis la radiografía de tórax y un electrocardiograma y de nuevo me colocáis boca abajo. ¡Así tengo que estar por lo menos 16 horas, si se puede, pues unas 24, eso os han dicho que va bien!

No sé cuántos días llevo ya aquí, intentó recordar las veces que me habéis dado la vuelta, no soy consciente de cuantas, he notado como me aseabais, me lavabais la boca, y todo diciéndomelo así con esa voz tan dulce. Cuando despierte quiero ver esa cara a la que pertenece esa voz, me reconforta tanto ¡. Me hacéis sentir que no estoy solo, a cada momento siento vuestra presencia, alguien viene y da la mano, si me muevo, me calma… “Tranquilo todo saldrá bien “.

Me habéis hecho un montón de cambios de posturas para que no me salieran úlceras( eso creía entender),noto esos brazos fuertes del celador como me  cogen cual abrazo de un  ángel y me reconforta la crema que me extendéis por la espalda para quitar las arrugas de las sábanas, el arte que tenéis entre cuatro para estirarlas y que quede  impoluta como si la hubierais  planchando,  el  apagar y encender la luz para orientarme en el tiempo , o más bien saber si es de día o de noche, es un detalle aunque no pueda decirlo, me hace apreciar que un día más  es un día menos. ¡¡RESISTIRÉ!!

Hoy estoy boca arriba, llevo ya  dos días  así, ¡no me lo puedo creer!, ¿eso es que voy bien?…Falsa alarma para mi, me volvéis a poner boca abajo porque una muestra que me habéis extraído dice que respiro mejor así…vienen los fisioterapeutas (eso creía escuchar) para hacer el equipo de prono , porque sólo con cinco personas se puede hacer, después de tantos realizados ya sois unos expertos;  un médico me está cogiendo el tubo de la boca y sujetando  la cabeza con sus manos ,veo como me ponéis unas almohadas y una sábana sobre mí,  me lleváis a un extremo de la cama, me colocáis de lado y ,me ponéis bocabajo …todo bien organizado y con destreza porque casi ni me enteré, ahora me colocáis la cabeza hacia un lado y un brazo levantado , me imagino que estoy nadando ….¡espero durar las horas que han dicho!.

Un ruido desconocido para mí empieza a sonar, corriendo sin demora me volvéis a dar la vuelta…mi alma esta saliendo de mi cuerpo y yo veo como empezáis la RCP, mi corazón se ha parado y yo no me quiero ir…tras unos minutos de masaje y medicación, vuelvo con vosotros. La voz del médico es firme … me falta el aire… pide para coger un tubo de tórax…el TCAE prepara todo el material …no consigo remontar …noto que me estáis clavando un tubo en mi pulmón y empieza a salir el aire, voy respirando mejor…me hacéis una radiografía …me aumentáis la dosis de la perfusión para que descanse después de esta batalla contra la muerte. ¡Esto es velocidad, compenetración y trabajo en equipo!

Pasan los días y no veo a mi familia, necesito verlos, me quiero despedir de ellos porque estoy agotado y no puedo más. Alguien viene y me coge la mano, la noto, me transmite calma, se que uno de vosotros siempre viene a decirme palabras de aliento para que siga siendo fuerte pero esta vez creo que no lo lograré. Escuché al médico decir que llamarán a mi familia, presiento que esto se acaba, lo estoy viendo en su cara, en vuestras caras, no se puede hacer nada más,  mis pulmones están peor cada vez y ya ni la máquina consigue que respire, mi  cuerpo no quiere luchar más,  quiero despedirme de los míos…

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Fotografía UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid) ©

Oigo una voz conocida , mi esposa, viene con bata, guantes  y mascarilla, me coge la mano y entre sollozos me dice que me ama , que siga adelante , que sea fuerte , pero sabe que esta es la ultima vez que estaremos juntos; ha pasado con mi hijo que la sujeta para que no se caiga y veo como me mira sollozando por el final que se acerca, me susurra  que no me olvidarán, no pueden aguantar y me abrazan , mi cuerpo lo siente pero mi alma esta saliendo ese momento de él porque el hilo de vida que me unía a este mundo desaparece  ….justo en ese momento, en la pantalla del monitor aparece la línea recta con un pitido inconfundible para vosotros .

Habéis  hecho todo lo posible por salvarme, lo humanamente necesario , y más aún,   pero mi cuerpo no ha respondido, no os echéis la culpa de mi partida, era mi destino , hoy era mi día…y sin embargo aunque mi alma no está ahí, os miro desde arriba y veo como me vais despojado de todos los accesorios que me pusisteis, con calma y delicadeza me introducís en un saco de plástico,  vais cerrando la cremallera y al llegar a la cara una enfermera me susurra al oído …“ Puedes ir  tranquilo»…cierra del todo y llega la oscuridad.

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Fotografía: Enfermera UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada © pandemia Covid19

Dedicado a todas esas almas que tras una larga vida de lucha y esfuerzo se quedaron en el camino pero no partieron solos, estuvimos los ángeles de alas blancas, azules, verdes, naranjas, no importa el color, todos hemos estado a su lado para que no se sintieran solos porque el corazón nos lo pedía más allá de nuestra profesión, somos humanos …

D.E.P.


Esta es mi historia por Fran Moreno (enfermero SUMMA)

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Fotografía: Francisco Moreno, enfermero SUMMA 112 Madrid- Pandemia Covid19 

Buenos días

Me llamo Fran Moreno y soy enfermero en el SUMMA112 y mi historia es como la de cualquier enfermero o enfermera que siente vocación por este arte de cuidar a las personas (Enfermería ) y que he resultado contagiado en alguno de estos meses atrás por Covid19 y que estando enfermo en casa, quería volver cuanto antes a la trinchera sin importarme en ese momento en la recuperación.

Juntos con otros compañeros, he estado en el grupo de traslados NBRQ ( Nuclear Biológico Radiológico Químico ) del SUMMA112, trasladando de hospitales públicos a privados, de privados a públicos, de IFEMA  a hospitales y de hospitales a IFEMA  a pacientes Covid19 + intubados y en situación muy crítica.

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Fotografía: Fran Moreno Enfermero SUMMA 112 Covid19

Ha sido duro y con una carga de trabajo del 300% pero ha merecido la pena estar ahí en la trinchera con los compañeros.

La situación de ahora no tiene nada que ver con la del principio pero no podemos bajar la guardia y relajarnos, estamos en un punto crítico en la que estamos con fases de desconfinamiento y aquí es donde la gente se relaja. ¡Mucha precaución!.

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Fotografía :Fran Moreno Enfermero SUMMA 112 

 


Mi experiencia frente al Covid19 por Sara Caldera

 

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Fotografía: Sara Caldera, TCAE Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid).

Hoy compartimos el testimonio de Sara Caldera, ella ha estado en primera línea frente al Covid19 desde el minuto cero. No es una heroína, no lleva capa…pero se merece el respeto de todos y su visibilidad ante la sociedad.

Y nos lo cuenta así:

¡Buenas tardes!
Soy Sara Caldera y me gustaría participar en esta campaña.
Soy auxiliar de enfermería en el Hospital Universitario de Fuenlabrada y llevo trabajando en este hospital desde hace tres años.
A finales de abril me volvieron a llamar de Recursos Humanos para empezar en una planta que estaba cerrada por su apertura para pacientes con neumonía y sospecha de COVID-19. Eran los primeros en Fuenlabrada. Empezamos desde el día 1 de marzo con 9 pacientes los cuales, con el paso de los días llegamos a tener la planta entera con habitaciones triples. Se llenó en cuestión de dos semanas. Aquello era una verdadera locura. Lo que hacías un día, al siguiente nada valía.

Recuerdo la angustia de los familiares por apenas tener información, ya que no daban a basto los médicos, porque no podían ver a su familiar ya que la situación no lo permitía.
Recuerdo la poca, por no decir nula, privacidad entre los pacientes considerados como totales, a la hora de los aseos. Que he de destacar, que eran prácticamente todos, ya que, el que no era dependiente de base, lo era independiente pero no podía moverse ya que los teníamos a todos pronados con vx casi a tope por lo que su movilidad era reducida ya que ante cualquier movimiento se desaturaban, se mareaba y no podían en esos momentos valerse por sí mismos, como para ir al baño.

Recuerdo tener que subir la toma del oxígeno al máximo posible al subir la cremallera del sudario para que el/la compañera de habitación no lo oyese o al menos, se disimulase el sonido un poco. Pero era inevitable. Luego había que sacar el cuerpo y, aunque intentaba tapar con la cortina un poco, sabían perfectamente que su compañero de habitación había caído. Te miraban y con lágrimas en los ojos te preguntaban esperanzados de que no fuese así.
Recuerdo las lágrimas entre compañeros por la impotencia, rabia, pena y mil sentimientos encontrados y no encontrados en esos días.
El asombro que nos llevábamos cuando nos, contábamos el parte y te dabas cuenta de cuántos pacientes faltaban ese día, pero ayer estaban y no esperabas su partida.
Aquellos pacientes que llegaban siendo independientes y acababan en la UCI.

Recuerdo a una paciente consciente, orientada y que sabía cuál era su final en cuestión de apenas horas, quizás días, que nos llamaba con el pequeño hilo de voz que le quedaba para que fuésemos a su habitación porque no quería morir sola. Se estaba ahogando, literalmente, pero no era candidata a UCI por sus complicaciones de base. Y aún con una pseudoCPAP  intercalada con ventimask y reservorio e intentando lo máximo porque saliese, acabó diciéndonos adiós.

Salí llorando de la habitación, llena de rabia y con una pena inmensa.
Pero también recuerdo a una paciente que bajó de la UCI, empezó con rehabilitación porque apenas podía andar pero que se le complicó en el último minutos y acabó de nuevo volviendo al mismo lugar, intubada durante casi dos meses cuyo pronóstico era pésimo pero tenía tanta fuerza, tantas ganas de vivir que salió de nuevo de allí. Subió a planta y junto con la rehabilitación, dentro de lo que cabe, está sana, estable y fuera de peligro. Aquí también lloro, pero de emoción.

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Fotografía Nightingale&Co©

También se me caen las lágrimas al recordar a los soldados a los cuales les hacíamos el típico pasillito para despedirle entre aplausos. Creo que mi trabajo no me ha llenado tanto que en esos momentos, donde entre lágrimas y besos al aire, te dan sus gracias más sinceras y te reconocen como sus ángeles de la guarda.
Batallas como ésta, las vivíamos todos los días. Todos los días había un adiós tanto para bien, como para mal.
Dicen que de todo lo malo siempre hay algo bueno y yo de todo esto saco que hemos aprendido a formar un gran equipo entre médicos, enfermeros, TCAEs, celadores, limpieza y demás personal. Hemos aprendido a guardar la calma, a trabajar codo con codo.
Me quedo también con lo que me ha ayudado esta pandemia a crecer como persona y profesional.
Estoy muy orgullosa de mis compañeros, de todos y cada uno de ellos. Y orgullosa de mí misma.

No me considero una heroína sin capa. Simplemente es mi trabajo. No sólo hemos salvado vidas en esta pandemia, lo hacemos siempre. Y por ello, amo mi trabajo hoy, mañana y siempre.

Sara Caldera


La unión hace la fuerza por David Gil Sánchez

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Equipo UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid – Pandemia Covid19 

Mi nombre es David, soy Técnico en Emergencias y trabajo como celador en Unidad de hospitalización y en la UCI. Después de dos meses, sesenta días, por fin he tenido unos días de descanso reales, en los que el cuerpo y la mente se pueden relajar, pero aún así, la mente pedía reflexión, y quería compartirla con todos vosotros.

El día de 4 de marzo llegaban las noticias de que un virus estaba llegando a Europa, que ya estaba en Italia, y todos pensábamos ¿Llegará a España? ¡Y de repente! ¡Boom!, Llegó la bomba.

No estaba ni estábamos preparados para todo esto, y de repente vimos que en la unidad pasábamos de 5 pacientes a 12 y todos Covid-19, ¡madre mía! cargamos las pilas, nos pusimos los EPIs, y a darlo todo.

Unos días después teníamos 50 pacientes en la UCI, ¡madre mía!, pero aún así seguíamos luchando unidos, realizábamos los decúbitos pronos a todos los pacientes como si nada, a todos los pacientes, unos por la mañana y otros por la tarde, no sabíamos qué estaba pasando, y a la vez si …esto es algo muy serio, pero sin mirar atrás, seguimos para adelante. Pasaban los días y seguíamos al pie del cañón, solo queríamos que todos los pacientes se sobrevivieran.

Pero de repente venían malas noticias, se acumulaban los ingresos, se acumulaban los kilómetros en nuestras piernas, se nos acumulaban los traslados, y la fatiga física y psicológica. ¡Veíamos pacientes que no podían superar la enfermedad, realizamos los traslados que nunca querríamos hacer, a mortuorio…! qué horror!

¡Que impotencia!, teníamos que bajar por que la guardia lo requería, a colocar y hacer un tetris en mortuorio, porque las funerarias no daban a basto con los fallecidos, multiplicados por diez, ¡cuánta impotencia!

Estaba asustado, ¿que era lo que estaba pasando? ¿Porqué?

Finalizaban los turnos y las piernas temblaban de mover a tantos pacientes, trasladarlos, no daban ya para más y aún así seguíamos, pensando, se acababa el turno y llegaba la vuelta a casa, la cabeza abajo, pero la mente arriba o eso queríamos creer.

Le doy abrazo a mi “hijo “ canino Artax, era un subidón de fuerza pero también de impotencia , siempre impotencia, te  ibas a la cama con la sensación de “he dado todo” pero siempre pensando que podía hacer más , y sabía que era imposible , en mis manos no estaba, pero en mi mente si; no comía ni bebía en todo el turno, era imposible con la mascarilla puesta y el EPIs encima ,siempre con esa sensación de opresión.

Conforme fueron pasando los días, las semanas- y creo que mi sensación sigue siendo agridulce- hemos dado toda nuestra energía y hemos dado todo por la vida de los pacientes que lo van a poder contar, pero con el sentimiento de pena de no poder salvar a todos.

La sensación agridulce de no poder ver a mi familia, pero saber que están sanos y bien.

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Fotografía: David Gil Sánchez, Celador UCI Hospital U.Fuenlabrada. Primera línea Covid19 

La sensación agridulce de perder amigos, y tener a otros que se han sobrevivido.

Aunque la sensación más dulce, es saber que tengo una segunda familia, la familia que mi trabajo a unido, a todos mis compañeros que una vez ellos fueron mi hombro para llorar, y las veces que yo cedí el mío, ese bastón para levantarse y seguir luchando.

La unión hizo la fuerza, las ganas por la vida. Salvando vidas hemos aprendido a saludar y abrazar de lejos y sonreír con los ojos. Aún cuando nos cubríamos con los EPIs nunca faltaron los abrazos porque salían solos.

Hoy en día, me siento orgulloso de mi familia, la de sangre y la del trabajo. Feliz por su salud.

Y muy orgulloso de todos, todos, todos, todos mis compañeros, he aprendido en dos meses a ser mejor persona, mejor compañero, mejor sanitario y mejor familia.

Un abrazo por estar ahí y ser como sois. ¡Muchas Gracias!

DEP a todos los fallecidos y compañeros que han dado hasta su vida por luchar contra un virus invisible que ha desmoronado nuestras vidas, nuestra salud y nuestra aparente normalidad.

Y felicidad por todos los que siguen en la lucha, amigos y compañeros.

David Gil Sánchez, FUERZA Y HONOR

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Fotografía: David Gil Sánchez 


«El caos lo invadió todo» por Susana García

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Fotografía: Susana García Antón. Enfermera del Hospital La Paz, Madrid. Pandemia Covid19

Hoy queremos compartir este relato, fiel testimonio de lo vivido en esta época de pandemia, que nos regala Susana, compañera enfermera del Hospital La Paz. Como bien dice Susana, esta realidad debe ser compartida y no olvidada. Y a partir de ahora empezaremos a valorar las cosas más, aún si cabe. ¡Gracias Susana!

Creo que es necesario visibilizar una realidad que se ha endulzado para evitar castigar más a la población. Porque no todo han sido aplausos o vídeos de bailes o risas. No. Creo que es hora de que la sociedad lea escritos como estos para concienciar sobre lo que hemos vivido, lo que aún estamos viviendo. Un experiencia que ahora parece tan lejana… ¿Vosotros también habéis sentido que estabais viviendo una película? Esta sensación de irrealidad que lo envuelve todo…Cada día camino del hospital en mi coche por las calles vacías de vida, calles desoladas y desiertas, en mi cabeza no podía asimilar que todo aquello estuviese ocurriendo. Supongo que es la manera que tiene nuestra mente de poder encajar lo inasumible.

Hay cosas que no podremos olvidar jamás, que al menos yo no podré… Salir de casa y pensar que puedes contagiarte en cualquier momento, que debes tener cuidado con lo que tocas y que no puedes caer porque te necesitan más que nunca. Entraba a mi vestuario, el cual está cerca del mortuorio, y rezaba por no seguir viendo camillas y camillas agolpadas en la puerta esperando. Me decía a mí misma “por favor que no sea Fulano o Mengano”. De la noche a la mañana había cambiado nuestra manera de trabajar.

El caos lo invadió todo. Cada día había que adaptarse a situaciones desconocidas o a nuevos protocolos. Ya no podíamos entrar a las habitaciones sin un EPI, lo que dificultaba mucho los cuidados. Era medicina de guerra. Una batalla en la que todos arrimamos el hombro. Hemos aprendido que nos necesitamos unidos, a trabajar más que nunca en equipo.

Ese equipo que me mantuvo viva durante aquellos días, que no me dejó hundirme y en el que compartíamos tantas lágrimas… Ir a trabajar y saber que nos podíamos apoyar las unas a las otras era una razón para seguir adelante, para sacar fuerzas. Un trabajo en el que todos éramos importantes, en el que no faltaba personal dispuesto a ayudar. Hasta recibimos apoyo por parte del conjunto de psicólogos del hospital. Esos diez minutos de relajación que nos cargaba de energía para esos turnos devastadores. Cada enfermera de la unidad conocía a todos los pacientes de la planta y debíamos confiar unas en otras para sacarlos adelante. A los pacientes no se les permitía salir de sus habitaciones aunque la mayoría estaban tan mal que no podían ni levantarse de la cama.

El saludo habitual cuando ingresaban era; “no puede salir de la habitación, se debe poner la mascarilla cuando entremos y si necesita algo sea paciente, pues debemos vestirnos antes de entrar”. Imaginad qué sensación de encarcelamiento. Nos sentíamos fatal a sabiendas que debíamos protegernos para poder seguir atendiéndolos. Era muy angustioso ver que los pacientes se ahogaban en cuestión de minutos y no poder correr a atenderlos porque teníamos que equiparnos con el traje completo (bata, doble guante, casco, mascarilla…) mientras el tiempo corría en nuestra contra. Un tiempo que parecía no mover las agujas del reloj para los pacientes, como si todo se hubiese detenido, pero que para nosotros era un auténtico contrarreloj. Muchos me preguntaban si se iban a morir o me afirmaban que sabían que nunca saldrían de aquellas cuatro paredes.

Se me partía el alma y sólo podía decirles que íbamos a luchar con todas nuestras fuerzas. Y eso hacíamos, pero el condenado bicho es duro de roer. Todos los días veíamos a alguien morir o irse a la UCI sin que pudiésemos hacer nada por evitarlo. La familia no podía acudir, salvo en caso de despedida por probable fallecimiento inminente y los veían desde una distancia de dos metros, sin ni siquiera poder tocarlos. Quien ha vivido esto sabe de lo que es capaz este virus, pero también sabe de lo fuertes que podemos llegar a ser si estamos unidos y si somos responsables.

Hoy mi unidad ya no es “planta covid”, hoy estoy en casa de baja por coronavirus. Pasando de ver el miedo en los demás a sentirlo en mí, sabiendo lo que puede llegar a pasarme, sabiendo que nadie se me puede acercar. ¿Recordáis la última vez que os dieron un beso? Yo sí, fue un 7 de marzo sobre las seis de la tarde y no hay día que no lo añore. Ahora imaginad estos pacientes.

Recuerdo cada uno de sus nombres y lo que más me marcó fue que cuando los tocaba con aquel traje frío y siniestro, ellos me miraban asombrados, agradecidos… Porque ahora más que nunca valoraremos cada caricia, cada abrazo o cada beso.


Recuerdo por Tomasa Martínez Martínez

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Fotografía: Tommy Martínez TCAE Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid). Covid19

 

RECUERDO …

Llevamos más de dos meses hablando de lo mismo, el coronavirus o covid-19 desde los medios de comunicación y las redes sociales, y a la hora que sea del día, siempre está presente, pues bien yo quería dar mi versión de todo lo vivido en primera persona de esta situación.

En la UCI existe un grupo multidisciplinar de profesionales donde nos encontramos los TCAES (Técnico en cuidados auxiliares de enfermería). Nuestras funciones no distan mucho de las que hacen normalmente una TCAE de planta de hospitalización ,lo que sí, son más específicas de una Unidad de Cuidados Intensivos reconociendo todo el material necesario para cualquier técnica médica o de enfermería y evidentemente conocer la técnica en sí, para poder ir adelantando parte de lo necesario y así que sea lo más rápida posible por el bien del paciente; los cuidados en UCI  se realizan en equipo y lo mas estéril  posible  para el bienestar del paciente y evitar infecciones nosocomiales derivadas de alguna técnica. …Y respondiendo ante situaciones críticas sin vacilar ante la urgencia vital del paciente.

Los TCAE de UCI del Hospital Universitario de Fuenlabrada tenemos como media más de 15 años de experiencia, por lo que detectamos si un paciente no va tan bien como debiera cuando hacemos el aseo o cuando realizamos los cambios posturales; pues bien, con esta pandemia hemos vivido momentos increíbles y que han sobrepasado nuestro conocimiento y nuestras fuerzas, produciendo por ello un desgaste emocional, pero sobretodo un desgaste psíquico o psicológico ….

Cuando los ingresos empezaron a ir mal y ser masivos pasamos de ser una UCI de 10 camas a una de 50, ocupando varias áreas del hospital; el personal de estas áreas se fue intercambiando con el personal de UCI y se rescataron a compañeras de planta y urgencias que habían pasado por UCI para que no todos los profesionales fueran nuevos y así poder realizar los mismos cuidados necesarios en los pacientes críticos.

Recuerdo aquella tarde que la paciente del box 2 (no puedo recordar su nombre, han pasado tantos por ese box que sólo recuerdo su número) no respiraba bien con el respirador y corriendo hubo que ponerle en prono, esto no había hecho más  que empezar…urgente …viene un ingreso …intubamos ,ponemos sonda vesical ,sonda nasogástrica y canaliza el médico la vía central (colaboro en la preparación de la técnica para que sea lo más rápida posible),y ponemos rápidamente  al paciente boca abajo (prono)…por lo visto, alternando esta posición los pulmones se expanden y entra más aire ….esta posición venía siendo probada por otros hospitales y funcionaba en los pacientes afectados por Covid19….

Recuerdo aquella tarde que ya teníamos más de 30 camas ocupadas de UCI, y en nuestra UCI,   la “UCI central» , me dejan como personal más antiguo con 2 TCAES  y 2 enfermeros de menos de 2 años de experiencia en UCI y  con 4 enfermeros que no son de UCI para 10 pacientes críticos ….¡me derrumbé ,reconozco que me derrumbé!…No pude evitarlo,  me imaginaba a un paciente malísimo y yo no poder hacer nada, aunque tenga experiencia no tengo la facultad de manipular respiradores ni bombas si un paciente se pone malísimo…está claro que me adelanté a las circunstancias, el personal de enfermería que vino hizo lo que le íbamos diciendo y acataron las pautas según les decíamos como actuar en cada caso, es verdad que mis compañeros dieron el 200% esa tarde…era y es, época de stress, aunque ahora esta más controlado…

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Fotografía: Pilar Simancas TCAE Hospital Fuenlabrada, UCI pandemia Covid19

Recuerdo aquella noche que nos tuvimos que bajar a otra parte del hospital para empezar a montar otra UCI, teníamos un solo paciente pero enseguida empezaron a llegar los ingresos e ídem de lo mismo, intuba, sonda, vía, prono…y entre ingreso e ingreso, cena a las 3 de la madrugada, busca material para tener todo listo para futuros ingresos, cambio de posición de la cabeza y brazo del paciente cada 3 horas,   coloca los boxes para que no falte nada, escribe el parte de la noche ( porque las TCAES en mi UCI escribimos el parte del paciente al final cada turno) y llega el turno de la mañana y paso el parte a una TCAE de otro servicio explicándole lo básico para poder pasar el turno …

…Y sigo recordando, ver al Jefe de Servicio tirar de una paciente cual celador, estar casi las 24 horas en pie, me hizo sentir que esto iba mal, muy mal y que nos esperaba una muy gorda como así ha ocurrido …Como TCAE de más de 20 años de experiencia en UCI no recuerdo haber vivido un caos como este que estamos pasando por esta pandemia producida por un virus mortal para MUCHOS.

Recuerdo una mañana tener que enseñar  a una matrona (enfermera especializada en mujeres gestantes) como hacer la higiene  corporal y el lavado de boca de un paciente intubado, humildemente me dijo que nunca lo había  hecho , asi que yo me puse a realizar y decirle paso a paso como se hacían  las cosas….otra tarde enseñé a aspirar secreciones por la tráquea tras curarla previamente …en estas técnicas sencillas y en otras mas complicadas porque nuestras enfermeras de uci andaban superocupadas y así un día tras otro con enfermeras nuevas en UCI aunque con muchos años de experiencia en otros campos ; esto nos ha creado un estrés en los TCAES de UCI más  allá de lo físico, ha sido en lo emocional y psicológico…Verte como responsable  de ese paciente crea mucha incertidumbre …reconozco que más de una de nosotras necesitaremos ayuda psicológica después de que  todo esto pase.

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Fotografía: Enfermera asistiendo una bomba de infusión, UCI Hospital de Fuenlabrada

Y así, un día tras otro, durante estos dos últimos meses. Aunque no quería despedirme sin dejar de mencionar a Pablo, Loli, Guiomar, Sara, María, Alex. Gema, Amelia, Rebeca y más gente que no recuerdo los nombres de todos los que han pasado por aquí, …que sin su ayuda y cooperación no habría sido nada posible, al igual que los anestesistas y todas las especialidades que pasaron esas guardias con nosotros y de todas las categorías…¡¡¡MIL GRACIAS!!!!

Nosotros mientras seguiremos aquí, al pie del cañón… porque esto aún no ha terminado. (Tommy Martínez).


Ruido por Pilar Núñez Relatos_Covid19

Soy Pilar  Núñez, enfermera de UCI.

Desde que empezó esta situación de pandemia, hay un ruido que me acompaña, a veces fuerte, otras más débil…pero ahí está, en mi cabeza.

Estamos viviendo un tiempo en el que todo el mundo está dando lo mejor de sí mismo. A los sanitarios, igual que a las fuerzas de seguridad, repartidores, limpieza, etc., nos toca salir y poner al servicio de los demás nuestra profesión, lo que siempre hemos hecho, ahora en un contexto más estresante, más tenso, por las repercusiones en pérdida de vidas humanas, pérdida derechos y libertades, …, y lo que todo esto implica…empieza el  ruido…

Por las mañanas, cojo el coche para ir a trabajar y pongo las noticias, “necesito” saber cómo nos hemos despertado. Horas más tarde, cuando salga, seguramente la situación habrá empeorado. Esto ha sido así durante días, pero ayer una buena noticia al salir: parece que los casos que acuden a Urgencias se van estabilizando… el ruido se alivia…

Llegas al trabajo, y el talante de todos y cada uno de nosotros es el mejor. Entiendes que te saquen del servicio porque hay que abrir camas de UCI en otros lugares del hospital, todos estamos dispuestos a adaptarnos. De igual modo, hay compañeros que no siendo de cuidados intensivos, de la noche a la mañana, tienen que aprender a llevar un paciente crítico, y, uno no se forma en 24 horas. Pero, ahí están, viviendo sus situaciones de estrés y mediándolas como buenamente pueden, ajustándose a las circunstancias.

En todo esto, vives la tensión de un paciente que van a intubar, acaba de llegar en ambulancia, sube de urgencias directo a UCI, su mujer se ha quedado en casa. Él te dice que por favor llamen a su mujer, mientras la intensivista (residente pequeña que ha tenido que hacer las veces de adjunta, porque no queda otra) le comenta que para el tratamiento hay que dormirle, y que cuando se vea mejoría se despertará. Tú, como enfermera antigua, vas apoyando el discurso de la médico para que el paciente comprenda la situación, y, asegurándole que su mujer va a ser informada de todo, porque se está haciendo así.  Pero, tú, por dentro sabes, que no conoces si ese momento de despertar llegará, porque el paciente tiene unos antecedentes que no avalan una pronta recuperación, y, eso te lo vas guardando…Más ruido.

En ocasiones, el jefe nos da “partes de guerra” de cómo va la situación: tantos pendientes en planta que tienen que subir a UCI, otro que por Urgencias ha llegado, pero que no va a poder subir, sus antecedentes indican difícil extubación, mala evolución. La cama libre será para uno de los pacientes de planta, que tienen más esperanza de supervivencia. Esto no se hace “jugando a ser Dios”, sino por optimizar los recursos de los que disponemos, porque “no hay camas” … sigue el ruido en la cabeza.

Una mañana, una médico me pregunta qué me parece si la familia trae unas fotos para su familiar enfermo, se lo han pedido en la información telefónica. “Por qué no, que las traigan”, ya no por el paciente que no sabemos cuándo despertará, pero sí por la salud mental de esas familias que no pueden ver, tocar, sentir a su familiar enfermo. Al menos, queda el consuelo de saber que esas fotos acompañan a su ser querido…pero no lo vuelven a preguntar, esas fotos no llegan, se quedan en la información telefónica, y en el temor de lo que le pueden decir…más ruido.458e446f-1087-4d79-ad13-6b2a5d40dab3

Fotografía© Pilar Núñez, enfermera UCI HUF 

Yo soy creyente, en estos días,  mis pequeños ratitos de silencio son esos  momentos de oración en los que te paras contigo mismo y con Dios. Simplemente tratas de ver donde estás ,y, lo que te toca vivir. Ante esto , veo que puedo acompañar a aquellos que viven la soledad de estar enfermos, y puedo ofrecer este servicio para el bienestar de los que me rodean. Creo que esto es una suerte y una gracia que se me pone delante… Esto silencia ese ruido .

Porque llego a casa y está Javi. Él siempre me saca una sonrisa. Pero, traigo mucha tensión por esa realidad que has dejado atrás. Y, en algún momento del día, o la semana , vas y discutes con tu pareja por una minucia….pero, vas, y te rompes. Empiezas a llorar porque por algún lado hay que sacar ese ruido cuando no has podido silenciarlo. Y, hay que llorar, porque así cargamos de silencio tranquilizador nuestra cabecita para poder otro día ir  al hospital a llenarlo de más ruido.

Pero, a veces , hay ruido consecuencia de realidades no hospitalarias, sino de otras que una ha tenido o tiene cerca:  situaciones de precariedad que conoces. Al inicio de todo esto se habló de unos pabellones del IFEMA que se iban a abrir para atender a la gente que no tiene un hogar donde confinarse. Se llenaron el primer día, y se iba a plantear ampliar. Sé que Caritas y otras ONGs siguen repartiendo alimentos, … hay  personas que no terminan de tener ese lugar donde estar…ruido difícil de silenciar…

Qué decir de otros  países donde la realidad es más pobre, con sistemas sanitarios deficitarios. Hace un rato he estado hablando con Isidro, misionero con el que estuve trabajando en Níger. Allí el confinamiento es una recomendación del gobierno, pero en el día a día la gente sale al mercado, o al campo, porque si no se muere de coronavirus, se muere de hambre… Rezo para que no se presente allí, con las cifras que nos movemos en España ,porque llegar ya ha llegado, , no olvido aquellas comunidades … más ruido.

Sin embargo, dentro de todo este barullo, de este ruido que estoy viviendo, hay diferentes músicas que poco a poco me ayudan también a silenciarlo: los audios de mindfulness que me envía mi amiga Bea y otras compañeras;  la solidaridad de muchas personas, ofreciendo la mejor versión de sí mismo al servicio de otros; los compañeros apoyándonos con su sentido del humor cuando menos lo esperas;  la gente quedándose en casa; y, la música de los aplausos a las ocho de la tarde, que todos y cada uno de los días me siguen emocionando.

…Seguimos.

07/04/2020

Mª Pilar Núñez Méndez

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Fotografía Personal UCI Hospital de Fuenlabrada©

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Unión, compañerismo y valentía por Alba Serrano

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Alba Serrano, enfermera UCI Hospital  Universitario de Fuenlabrada (Madrid)

«No siempre curamos, a veces la vida de mucha gente se nos escapa entre los dedos»…

Soy Alba, enfermera de UCI y cuando estoy en el Hospital, en el frente de guerra sin armas, me siento fuerte, capaz de derribar cualquier muro, de seguir trabajando durante muchas horas más.

Pero cuando salgo de allí y me meto en el coche para regresar a casa, vuelve el silencio, ese silencio triste, de una calma obligada… Y ya no me siento tan fuerte, vuelve el miedo y el cansancio físico y mental más grande que he sentido nunca.

Porque…¿sabéis qué?… NO es verdad, no somos héroes, no somos invencibles. Simplemente somos PERSONAS, personas que amamos nuestra profesión, personas cuya vocación es ayudar a los demás, acompañar a los enfermos, a sus familias…

Y lo peor es que no siempre curamos; a veces, la vida de mucha gente se nos escapa entre los dedos y no podemos hacer nada más, vemos el sufrimiento y el miedo de los pacientes en soledad, familias que no pueden despedirse de sus seres queridos.

Y es cuando su sufrimiento se convierte en el nuestro y nos sentimos vencidos por este maldito virus.

Pero entonces llega un compañero, y te coge la mano, y te sonríe aunque no lo puedas ver con la mascarilla, lo ves en sus ojos, y te da fuerzas para poder terminar el turno.

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Equipo de enfermeras y TCAE   UCI Hospital U.de Fuenlabrada (Madrid).  Pandemia Covid19

La unión, el compañerismo, la humanidad ,la valentía… son las cosas que nos está regalando este virus. NO somos invencibles, solo somos personas luchando para seguir adelante…¡Pero juntos somos capaces de casi todo!