NIGHTINGALE & CO
Nightingale&Co es un blog de carácter personal, formado por un grupo de profesionales sanitarios preocupados por el cuidado integral de las personas, y cuyo compromiso se centra en aportar una visión reflexiva donde la experiencia y los diferentes puntos de vista de los profesionales implicados en los cuidados, puedan servir para mejorar la calidad en la asistencia profesional basada en la evidencia.

LIDERAZGO SANITARIO. LAS PERSONAS-LIDERES por Noelia González Sedeño

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Imagen: Noelia González UCI, fotografía realizada por Patricia Cordero©

A lo largo del tiempo han sido muchos los autores que han tratado de definir el liderazgo , de todas las definiciones que podemos encontrar en esta era de la información podemos concluir que el líder debe tener unas características para ejercer el liderazgo: capacidad de dirección, debe tener clara la visión y así transmitirla, capacidad para alinear a las personas influyendo en ellas y motivándolas, todo en un ambiente de respeto y seguridad que siente las bases del trabajo en equipo para la consecución de un objetivo.

En 1995 John Kotter en su libro “Liderando el cambio” explica en ocho pasos cómo llevar adelante la transformación exitosa de una organización. La puesta en marcha de un liderazgo transformacional promueve influencias positivas en el proceso de trabajo y en el decurso de la libertad de las enfermeras1 .El liderazgo transformacional es un estilo en el cual los líderes alientan, inspiran y motivan a los empleados a innovar y crear cambios que ayudarán a crecer y dar forma al éxito futuro de la empresa, a través de un fuerte sentido de cultura corporativa, propiedad de los empleados e independencia en el lugar de trabajo2.

La situación sanitaria actual hace visible la necesidad imperante de un cambio de cultura organizacional real. Al igual que las políticas sanitarias se dirigen cada vez más hacia la participación y empoderamiento del paciente y su familia sobre el proceso de salud-enfermedad en el que se encuentra inmerso, los gestores sanitarios deben esforzarse por centrar sus esfuerzos en generar un liderazgo transformacional a la vez que participativo a través del cual se empodere e involucre al profesional sanitario.

El liderazgo participativo debe estar sostenido por personas-líderes que sean capaces de permitir que su equipo brille con luz propia. El padre de la gerencia Peter Drucker planteaba que: “la tarea del líder es desarrollar líderes” para lo cual es imprescindible un conocimiento profundo de los miembros que conforman su equipo, de manera que puedan ayudarles a conseguir metas individuales, ya sean profesionales o incluso personales, en el camino de la consecución de las metas estratégicas de la organización; además, deben hacerse cargo de una gran responsabilidad para conseguir empoderar al equipo confiriéndoles el sentimiento de que son dueños de su propio trabajo, facilitando su autonomía mediante el reconocimiento de la capacidad de cada miembro del equipo3.

Pero este liderazgo es imposible sin la implicación de las organizaciones, el  IHI

fue el creador del modelo de la triple meta en el año 2008, según el cual únicamente concentrándonos en alcanzar de manera equilibrada los objetivos en las tres dimensiones de forma simultánea podemos mejorar la atención sanitaria de una población. En los últimos años distintas voces han propuesto incluir una cuarta meta para encontrar la cuadratura del círculo: la satisfacción de los profesionales(4,5).

Captura de pantalla 2022-04-23 a las 10.30.07 En el año 2010 Un estudio realizado en España mostraba ya un 39,3% de burnout en atención primaria6 cifra que se ha visto muy incrementada a raíz de la pandemia COVID-19.  A día de hoy, en mi humilde opinión, ha quedado claro que la falta de atención a esta “cuarta META” es la consecuencia de la dificultad de la implantación de programas Triple Aim en la práctica, cuando los beneficios de los mismos sobre el papel son tan evidentes.

De aquí la necesidad de que las direcciones se responsabilicen en facilitar los liderazgos transformacionales basados en la comunicación y participación de los profesionales que pueden aportar una visión directa de la situación real de la asistencia sanitaria, así como desarrollar e implementar proyectos para el cuidado de la salud mental y la prevención del desgaste de los trabajadores.

Todos tenemos dentro nuestro yo-líder, lideramos muchos aspectos en nuestra vida, muchas más situaciones de las que imaginamos nos obligan a sacar lo mejor de nosotros mismos en beneficio de un bien concreto ayudando por otro lado a los que nos rodean a dar también lo mejor de sí mismos cuando necesitamos su colaboración.

La gestión de equipos saludables debe estar asumido por líderes con grandes capacidades de trabajo, comunicación, negociación y empatía entre muchas otras capacidades y para esto es imprescindible la formación. El liderazgo no se puede ejercer desde el convencimiento de que conseguiremos hacerlo bien con el tiempo, si no que debemos caminar hacia la exigencia de una formación en esta área que nos ayude a conseguir las metas que más beneficien al equipo y las personas que lo conforman, las cuales que deben ser el centro de todo nuestro esfuerzo, ya que sin ellos nada sería posible.

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Noelia González Sedeño

RESEÑA BIOGRAFICA

Noelia González Sedeño es enfermera de UCI y Cardiología intervencionista del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid. Experta universitaria en Gestión y Calidad asistencial desde el liderazgo enfermero. Miembro de Innova-HUCI, coordinadora de la Escuela de pacientes y familiares de la UCI del Hospital Universitario de Fuenlabrada.

 

 BIBLIOGRAFIA

  1. Rutz Porto, M. Buss Thofehrn. El empoderamiento político de los enfermeros en la práctica hospitalaria.The political empowerment of nurses in hospital practice Index Enferm . Vol 24, no.1-2  (2015)
  2. R. Mendoza Torres, C. Ortiz Riaga. El Liderazgo Transformacional, Dimensiones e Impacto en la Cultura Organizacional y Eficacia de las Empresas. Revista Facultad de Ciencias Económicas: Investigación y Reflexión. Vol 14, no. 1 (2006), pp. 118-134.
  1. A. Delgado Torres, D. Delgado Torres. El líder y el liderazgo: reflexiones. Revista Interamericana de Bibliotecología. Vol. 26, no. 2, (2003), pp. 75-88.
  1. Bodenheimer T, Sinsky C. From Triple to Quadruple Aim: Care of the Patient Requires Care of the Provider. The Annals of Family Medicine. 2014-Nov, 12 (6) 573-576. Disponible en: https://www.annfammed.org/content/12/6/573.full
  2. Roure C. Del Triple Aim al Quadruple Aim. Avances en gestión clínica. 2015-Mar. Disponible en: http://gestionclinicavarela.blogspot.com/2015/03/del-triple-aim-al-quadruple-aim.html
  3. D. Navarro-González, A. Ayechu-Díaz, I. Huarte-Labiano. Prevalencia del síndrome del burnout y factores asociados a dicho síndrome en los profesionales sanitarios de Atención Primaria. SEMERGEN Atención Primaria 2014; 22 de mayo de 2014.

 

 

 

 


Con la esperanza de que las cosas mejoren por Amaya Horcajo

05007910-2c3d-487d-ad32-4c80478e7a89Amaya Horcajo protegida con el EPI

Quedan pocos días para que termine el año y me van llegando a la mente momentos y personas que resumen este 2021…

Me incorporé de la mano de Filomena y en plena tercera ola…a una UCI «apañada» en la que todo era nuevo y cambiante…

Fui muy afortunada porque las dos anteriores me tocó vivirlas desde la barrera, aunque mientras sentía cómo mis compañeros y amigos vivían el peor de sus momentos profesionales…el más duro física y mentalmente…

Por eso os escribo, para daros las gracias una vez más, a los que acababan de llegar, a los que estaban desde siempre, a los que regresaban a UCI por un motivo u otro igual que yo….GRACIAS por ponerme tan fácil una incorporación y un año que, bien analizado, ha sido MUY complejo para todos.

Se que estáis agotados, porque lo habéis dado todo para luchar contra este bicho destructor y esto no parece tener fin…

También se que no solo es el bicho y todo el dolor que produce en lo que toca, sino el resto de obstáculos que desde la administración hacen que todo se convierta en algo más difícil aún…

2d2d7864-5e5d-4d15-afe1-161a8605fe3bFotografía: Amaya Horcajo, enfermera UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid.

A eso se suma la «pérdida» de compañeros y amigos que decidieron buscar otro camino mejor fuera de UCI, e incluso del Hospital.

Son muchas piedras pero sobre todo a  los que habéis perdido la ilusión os pido que rebusquéis dentro de vuestro ser…que lleguéis al espíritu que os hizo dedicaros a ayudar a los demás, a cuidarles cuando nadie más puede, a hacerles lo más duro un poquito más llevadero…a aliviarles cuando la enfermedad no da tregua y a conseguir que su familia sobrelleve los duros momentos con algo más de consuelo…en definitiva, a ser Ángeles en la Tierra como muchos pacientes nos llaman.

Somos buenos profesionales y buenas personas y, de eso, hace mucha falta en el mundo para que las cosas cambien o al menos no se estropeen más …

Del 2021 me llevo muchísimo aprendizaje …gracias a todos vosotros, por los ratos compartidos dentro de nuestra segunda casa que es el Hospital.

Seguro que el 2022 no será un año fácil pero sí será diferente…llegarán nuevos proyectos y retos por los que seguir luchando…

Espero contagiaros al menos un poquito, la esperanza de que las cosas mejoren y nosotros con ellas, para que la UCI resurja de sus cenizas y volvamos a cuidar con ganas e ilusión!
Qué el CONTAGIO que más recordemos del 2022 sea el de la ILUSIÓN!!!

¡¡¡Feliz Navidad y Feliz 2022 compañeros!!!

Amaya Horcajo , enfermera UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid, España.

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Ya se ve la luz

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Ya se ve la luz ….
Hoy es un día muy especial para mí y todos mis compañeros de batallas, hemos cerrado la UCI satélite que tuvimos que abrir para ampliar la nuestra allá por marzo del año pasado …. Por fin!!!
De una UCI de 10 camas pasamos a tener 50 en las áreas más idóneas para ello,REA ,hospital de día quirúrgico y urgencias de ginecología …áreas q se convirtieron en UCIs improvisadas con material que nos llegaban de todos lados ,camas y colchones de empresas dedicadas a ello,respiradores de las facultades de medicina, bombas de perfusión de las principales marcas,y sobretodo personal que se prestaron voluntarios a ir a UCI ,de todas las partes del Hospital incluso de otras provincias ….
Esto nunca lo había vivido , fueron días de stress, de cambiar turnos de planillas para poder estar siempre al pie del cañón, de agotamiento, de sinsabores, de reír y de llorar y de no saber que vas a encontrar al llegar al trabajo ,bueno si , un turno entero con el EPI puesto , ¡¡¡que calor!!!.
Días de miedo ante lo desconocido,no sabíamos a qué nos enfrentábamos , si era contagioso o no , todos tenemos familias y sufrimos por ellos porque no queríamos transmitirles nada de lo que podíamos coger nosotros , miedos,  pesadillas desvelos, cansancio …pero el personal de UCI es así , lo da todo para que ese paciente salga adelante, hacemos bonita la profesión y la vivimos con entusiasmo, ¡¡A mí me encanta !!!..
Llegó el verano y nos dio una tregua ,fuimos bajando de pacientes y cerrando las ucis satélites, pero llegó octubre y el índice de pacientes volvió a subir,abrimos está vez solo otras 18 camas para poder tener unas 20 abiertas ….se llegó a llenar más de unos meses y ahí estuvimos dándolo todo, otra vez  a empezar a revivir lo pasado.
Encima y para colmo, tuvimos un temporal que todos recordaremos por siempre llamado»Filomena» donde, aparte del Covid, tuvimos que ir a currar como podíamos ,otra vez a cambiar planillas para hacer frente a los que no podían acudir y se quedaron aislados sin poder salir, dos horas de viajecito en metro para currar 12 y vuelta para casa otras dos , agotamiento total!!! …
Los casos iban bajando y fuimos cerrando camas hasta llegar al día de hoy donde solo nos quedamos ya con la UCI auténtica con 12 camas, ¡bien!.
En estos meses nos hemos encontrado con un gran número de profesionales que han aprendido cómo se trabaja en una UCI , los veteranos han hecho una gran labor enseñando ,los nuevos aprendiendo cómo se hacen las cosas aquí , en la UCI, sacando el trabajo adelante con tesón y con la mayor ternura ,dedicación y  el sobreesfuerzo humano que ha supuesto para todos y aún así muchos piensan que  la UCI no es para tanto , solo un turno realizando pronos y supinando a la gente los tendría , ese esfuerzo agotador no está pagado.

Captura de pantalla 2020-12-28 a las 18.17.25Fotografía: Equipo multidisciplinar UCI-Covid 2020, HUF, Madrid.

Como decía hoy un compañero ,recogiendo todo lo de los boxes para limpiarse  profundamente y con esmero, :¡se te ponen los pelos de punta pensando todo lo que hemos pasado ahí!!….Hemos reído, hemos llorado ,y mucho, hemos crecido como profesionales y como personas, y aunque ya no volveremos a ser los mismos tras haber vivido lo vivido y pasado por lo que hemos pasado ,estoy orgullosa de todos vosotros , de los nuevos , de los viejos, de los de aquí, de los de allá,…

Y a  todos  quería decirles que:
GRACIAS por el esfuerzo realizado.
GRACIAS por el apoyo en las horas bajas.
GRACIAS por la excelente labor bien hecha.
GRACIAS por dar más del 100%.
GRACIAS por ser los profesionales que habéis estado desde el principio y seguir.
GRACIAS por tanto.
Y espero que esa luz que se empieza a ver sea duradera.
¡Un placer trabajar a vuestro lado!

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Foto: Tomasa Martínez Martínez (TCAE UCI Hospital Universitario de Fuenlabrada, Madrid) en el centro de la imagen.

 

 

 

 

 

 

 


Odisea

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ODISEA

 Dije que era una enfermera llena de cicatrices. Pero ya no. Me he roto. Soy una herida abierta. Roja y sangrante. Expuesta al aire y la suciedad constante. La piel no puede producir más células nuevas. No puede estirarse más, ya no es elástica. El camino del hospital es el mismo, o lo parece. Adoquines dorados cubiertos de hojas mojadas. La luz no cambia. Noto el peso del agua calando las ropas. El nivel del mar asciende. En realidad, viajo por un mar enfurecido que me lleva hasta el metro. El cielo sigue oscuro, los dedos se encogen de frío dentro del bolsillo.

Hay una fila de otras como yo que espera delante del vestuario para recoger el uniforme. Los rostros tratan de no mirar a los furgones negros de la funeraria que aparcan en el lateral. La barbilla se pega al pecho y las pupilas se mueven. Sus manos estrujan el traje blanco de enfermera como si fuera un remo. Las olas golpean las puertas transparentes mientras los hombres del traje oscuro se ajustan los buzos para entrar en los túmulos. Necesito moverme. Chapoteo con los pies por el pasillo y por fin llego a la taquilla. Me desnudo y el calor llega a la espalda. Las heridas escuecen. Quisiera irme de aquí, pero no puedo. Cubro la carne abierta con la tela delgada y la adorno. Meto bolígrafos, mascarilla de repuesto y una horquilla de mi hija.  Miro hacia fuera. Hacia el horizonte.

Es el último día del año. Pero todo está en silencio durante la noche. Los que terminan su turno se van a su casa con el pecho preparado. Parecen fuertes. Pienso en lo jóvenes que son. Todavía sonríen. Con brazos robustos listos para seguir el ritmo de la boga.  Para volver al hogar hay que enfrentarse a dioses y monstruos, les digo.  Un día más, sí. En ese lugar me quedo, con mis cicatrices bien cubiertas con una mascarilla y pantalla. Casi todos los pacientes duermen. A veces boca arriba y otras boca abajo. Habitan una dimensión que no existe. Aquí llega el olor a mar, pero no su sabor salado. Yo manejo su sueño. Alargo los dedos a las bombas para hacer su noche más oscura. Las drogas entran en sus venas, es una bendición. Necesitan descanso. Que sus alas se plieguen y los pensamientos se aquieten en la mente hasta ser olvidados.

Pero no todos duermen, uno sigue despierto.

Me mira con su cuerpo de niño señalando la televisión. Habla, lo intenta. El aire se escapa por un agujero que tiene en la tráquea. Quiere ver las campanadas, me dice. Le pregunto si quiere que llame a su familia y asiente. Los ojos oscuros tienen la miseria de un cuadro de Caravaggio. Trata de coger mi teléfono para llamar él mismo, pero los dedos le fallan. Al otro lado de la pantalla aparecen ellos, su familia. Se encuentran en ese lado del mundo en que todo parece seco y cálido. Gritan. Se oye: Papá, papá. El hombre con cuerpo de niño me arrebata el teléfono y se lo pega a la cara. El reloj suena. El carrillón golpea insistente para concluir un tiempo imaginario. Todos miran a la pantalla. Las campanadas comienzan. El hombre trata de contar, pero el aire se escapa por el agujero:

––Unoho, dohh tehh…

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Imagen: La muerte de la Virgen, Caravaggio ,1606.

La familia sigue sus órdenes y en la habitación queda únicamente el sonido de la televisión y los silbidos. El agua se ha colado por dentro de mi bata. Ha llenado gafas, mascarilla, tela y huesos. Quiero lanzarme al mar, volver. Pero cientos de caras me miran desde las aguas: Carmen, Antonio, Paco, Martín… Ahora son espuma apagada y disuelta.

Amanece. El camino dorado resplandece con su trazado más visible que nunca. Me he quitado los zapatos. Los pies pálidos se hunden en la masa de hojas húmedas. La ropa mojada me pesa y avanzo agachada. El teléfono me manda noticias. Personas que hablan y hacen ruido. Por eso lo apago. Necesito volver a mi casa. Al abrir la puerta, el olor me parece irreconocible. Me tambaleo, oigo las palabras suaves en el piso de arriba.  Su risa. El corazón se triza. No puedo subir las escaleras. La marea sigue recorriendo las plantas de los pies.  Sujeto con mis brazos estirados el dintel de la puerta. Sólo queda llenar el pecho de aire. Una vez más, sí. Y esperar que el agua llegue y lo inunde todo.


“Foto de enfermera recibiendo vacuna sobre fondo claro” por Sara Lospitao

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Foto: Irene Arribas, enfermera UCI HUF 2021©

Soy de las personas que se pueden pasar horas y horas mirando un cuadro en un museo o una exposición, observando los colores, los trazos, los detalles en cada pincelada, cada guiño que el  autor nos regala  a veces de manera intencionada, las formas, el fondo, la textura, la luz, las sombras, la perspectiva, en definitiva, me gusta inventarme  historias de cómo el artista mezclaba en su paleta los tubos de óleo, cómo vivía en su momento histórico, lo que quería decirnos en sus obras… hasta me imagino cómo iría  vestido y en qué lugar de su taller reposaban esas obras aun no acabadas.

Lo mismo me pasa con las fotografías, me gusta disfrutarlas al detalle, con calma, ver lo que se podría ver más allá, descubrir qué nos quiere mostrar el autor.  Me gusta saber que en cada fotografía se esconde una historia, otros tiempos, un personaje, un misterio, una lección, un desenlace, una pasión, un instante.

Hoy me ha pasado justo eso, revisando las redes sociales he deparado en una fotografía. Está hecha en color, desde un móvil de nueva generación. En ella aparece una enfermera recibiendo su primera dosis de la vacuna contra el Covid19. He visto en estos últimos días múltiples fotografías de muchos sanitarios que de manera emotiva y con la intencionalidad de dar ejemplo, que se han inmortalizado en tal acontecimiento. Hoy día, recibir esta vacuna supone dar un paso importante en la lucha contra el coronavirus en esta pandemia.

Esta foto es diferente, ella no mira a la cámara sonriente, sus ojos permanecen cerrados. Su cabeza está delicadamente echada hacia delante. Su brazo izquierdo reposa en su regazo, como el de una bailarina, mientras que con el derecho recoge sutilmente la manga de su pijama. Es una actitud sobria pero meditada, no esconde su abatimiento, ella lleva a sus espaldas muchas horas de esfuerzo y agonía de trabajo en la UCI donde trabaja.

Vuelvo a mirar la foto y la titulo “Enfermera recibiendo vacuna sobre fondo claro”, desconozco quien ha realizado la instantánea y en qué momento del día ha sido. Pero a ella la reconozco, , es una de mis compañeras ,una de mis enfermeras, he compartido largas horas de guardias en noches azules con ella, sé cómo son sus ojos, su voz y su sonrisa. Sé de lo que es capaz de hacer y lo que es capaz de conseguir.

Ella es minuciosa, detallista y pulcra en su trabajo. Ella nos descubre ,que además de gestos de complicidad, de alegría, complacencia y felicidad, existe otro mucho más valioso, el de recogimiento, el del acto íntimo y personal que formará parte de su historia individual e irrepetible. Descubres entonces que en esa foto sólo podría salir ella, otorgando su firma personal sólo con su presencia.

Ahora miro la foto una y otra vez, e imagino mil historias, cada una diferente, pero todas con un mismo final.  Ella refleja lo que en estos momentos sentimos todas las enfermeras, es fiel reflejo de nuestros sentimientos y nuestro ánimo. Y me identifico con ella.

A través de esa foto, veo un testimonio visible y a la vez, la fragilidad del ser humano.

Llegó la vacuna, si, pero seguimos inmersos en la pandemia que sigue asolando a la humanidad y nos está dando una lección que no queremos aprender.

 

 


Que los peces vuelvan a nadar, por Amaya Horcajo.

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Fotografía Amaya Horcajo 

Me dijeron que en el Reino del Revés, nada el pájaro y vuela el pez…

Así empezaba una de las canciones de mi infancia…y es que ahora esa canción se ha convertido en una melodía muy real.

Pues sí, el mundo está del revés y cada vez hay más señales de ello.

Casi un año ya desde que todo se dió la vuelta…asique resulta que…

Ahora ser positivo es algo negativo, y ser negativo es lo mejor que te puede pasar…

Ahora educar es enseñar a no compartir…A no gritar, a no cantar y a no comer cerca de los demás…

Y ahora miro a mi alrededor y veo compañeros derrotados, desolados por la certeza de que después de una ola vendrá otra y después otra mientras nada cambie…

Pero hubo un tiempo en el que las personas sonreían con los labios y no solo con los ojos…
en que los abuelos daban besos a los nietos y los llevaban de una mano que no olía a hidroalcohol…

Hubo un tiempo en que los profes eran solo maestros, guías que te enseñaban conocimientos y a ser una buena persona y no vigilantes de distancias o expertos en clases online…

Hubo un tiempo en el que las mejores protecciones de la salud eran el casco, el cinturón y el preservativo…

Hubo un tiempo en el que las personas despedían a sus familiares en entierros y misas, arropados por los abrazos de sus seres más queridos…

Hubo un tiempo en que en los hospitales se trabajaba con ilusión, con esperanza y con la convicción de que seguramente tu trabajo serviría para curar a algún pachucho…

Hubo un tiempo en el que yo creía en la justicia, y en lo que siempre me enseñaron de pequeña: que los buenos tienen premio y los malos un castigo…
Sin embargo ahora sucede que los malos tienen vacuna y los buenos deben seguir esperándola.

Porque ahora los pájaros nadan y lo peces vuelan. Y los que hacen las cosas mal encima se graban en video para gritarlo a los cuatro vientos, y además se sienten orgullosos de ser tan osados… sin darse cuenta de que están haciendo que el mundo siga del revés.

Pues yo me niego. Y seguiré buscando la fórmula para rotarlo y conseguir que todo sea como antes, un mundo donde los pájaros vuelen y los peces por fin vuelvan a nadar!

Amaya Horcajo, enfermera UCI

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Desolación (Marzo 2020)

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Fotografía: Patricia Cordero 

Desolación: marzo 2020 

He apuntado mi nombre en la pizarra, la REA se ha convertido en una UCI improvisada.

Donde antes transcurrían los días con pacientes postquirúrgicos ahora se ha transformado en un espacio hacinado, lleno de camas articuladas donde los pacientes descansan boca abajo.

He apuntado mi nombre mientras mi mano temblaba, no era la caligrafía esperada. En estos días en los que todos nos vestimos a un mismo color, donde nuestros rostros quedan sepultados bajo las mascarillas, gafas y máscaras protectoras, es imposible adivinar quién se esconde tras toda esa ceremonial vestimenta, por eso, apuntamos nuestros nombres en apósitos y los pegamos en el pijama. Un pijama desgastado por las horas de cansancio, de movimientos coreografiados, de sudor, de rabia y de impotencia.

Mi nombre, vivo, sonoro, bíblico, apuntado en un apósito para ser reconocida en una jungla de camas donde se respira a muerte.

Hoy he apuntado otro nombre en ese apósito, no era el mío, yo ya no soy la protagonista de esta historia.

Es el nombre del que se ha despedido en el más absoluto silencio y soledad, un apósito que pego con decoro en el sudario.

Es el nombre de la señora que acaba de ingresar, con una bolsa transparente donde se aposenta sus pertenencias y un móvil no cesa de sonar.

Es el nombre de un padre fallecido, el de mi compañero, el cual llora en silencio mientras revisa con resignación los tratamientos de sus pacientes.

Es el nombre del padre de mi amiga Bea, que con calma llamó una tarde para contarme que su padre no podía respirar.

Son los nombres, nombres que tal vez para nosotros no signifiquen nada, nombres que tienen un rostro, una historia vital, una familia, un hogar.

Ha pasado un año desde que comenzó la pandemia, yo sigo con el nudo en la garganta apuntando nombres, en los apósitos y en mi malgastada memoria.

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Fotografía: Patricia Cordero


Querido 2020 por Irene Arribas

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Querido 2020:
Como cada año, te empezábamos con ganas e ilusión, ninguno hubiésemos imaginado ni en nuestros peores sueños lo que se nos venía encima, ni cuánto íbamos a necesitar esas ganas, recuerdo cuando al principio hasta le restamos importancia y decíamos estar preparados…
Todos tenemos un día que lo cambió todo, un día en el que nuestro corazón se encogió, no paraban de ingresar pacientes, uno tras otro, nos faltaban camas, nos faltaban ventiladores, nos faltaban manos y a pesar de eso, nos sobraban las ganas para dar más de nosotros, para multiplicarnos nosotros y multiplicar los espacios, incluso  aún nos sobraban fuerzas para dársela a los pacientes para que lucharán por salir adelante, para humanizar permitiendo el último adiós de unos y las buenas noticias de otros.
Nos sobraba energía para apoyarnos y darnos ánimo entre nosotros.
A pesar de estar agotados y desolados nunca hemos bajado los brazos para dar mucho más, compañeros que a lo largo de estos años se fueron de la unidad por diversos motivos no dudaron en volver para ayudar, gente de otros servicios que se ofrecieron a ir al nuestro igualmente lo dieron todo empezando de cero, pero si hasta llegó gente de otras comunidades dispuestos a ayudar.
Pero tú maldito 2020 has traído algo positivo, nos ha confirmado que nosotros, los sanitarios, elegimos las profesiones más bonitas del mundo, la de estar al lado del que lo necesita, curando, cuidando y acompañando. Algunos días nos preguntamos cómo pudimos elegirla, pero cómo no íbamos a elegirla, si ver a un paciente sonreír y salir de la UCI nos da la vida. Claro que hay días duros, muy duros,  estos meses hemos vivido muchos de esos, pero también hemos vivido momentos bonitos, tengo la sensación de que muchos de nosotros hemos confirmado que no nos equivocamos de profesión y que estamos orgullosos de dedicarnos a ello.
Otra de las cosas que nos has regalado ,querido 2020, es saber valorar mucho más a quién tenemos al lado día a día en el trabajo, nuestros compañeros, y es que si vemos nuestro resumen del año en imágenes pasamos del llanto a la risa recordando cada momento y recordando a quién teníamos al lado, son muchos los compañeros que han estado al pie del cañón a nuestro lado, los de siempre de la unidad y gente nueva, dando ánimo unos a otros en esos momentos de flaqueza,  ya sabíamos que teníamos grandes personas en el día a día, pero creo que todos hemos descubierto mucho más de ellas y lo importante que son todas esas personas.
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Equipo de Enfermería Covid-UCI
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Al final como cada año querido 2020 yo me quedo con lo bueno y mira que esté año nos lo has puesto difícil.
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Fotografía: Irene Arribas

Una Navidad distinta

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UNA NAVIDAD DISTINTA

Desde ni se sabe cuánto tiempo, las fechas que se acercan son días para celebrar el Nacimiento de Jesús y reunirnos con nuestra familia; viajar los que nos encontramos lejos para pasar unos días con ellos y aprovechar para estar con los amigos que no vemos a lo largo del año. ¡Ahh!!…¡que este año no se puede o mejor dicho , no se debe realizar visitas que no sean necesarias!!!.

En esta nuestra profesión, a mediados de octubre los supervisores ya van sacando esas listas donde tienes que elegir lo que quieres trabajar en Navidades o , si es como este año que yo estaba la última en la lista , pues, lo que te dejan …Luego siempre hay posibilidades de realizar cambios, para poder coincidir algún día festivo con tu familia o con los seres queridos …Ahhh…que este año sólo podemos ser seis !!!.

En años anteriores, para poneros en antecedentes, la semana antes de Nochebuena celebrábamos un aperitivo todos los de la Unidad, en él compartíamos charlas distendidas y celebràbamos el amigo invisible acompañados de un hilo musical propio de la época, con villancicos y música alegre, contábamos anécdotas sugeridas a lo largo del año y proyectábamos el vídeo de resumen de todo lo sucedido durante el año, echábamos risas y recordábamos situaciones pasadas …¡Cuánto hemos perdido !!!.

Este año todo va a estar rodeado de cierto halo de incertidumbre, ¡bueno, incertidumbre! , más bien no podemos hacer nada , ni aperitivo, por que somos mucha gente , no podemos celebrar la cena de Navidad del servicio, no podemos disfrutar  del amigo invisible , no podemos, no podemos, no podemos…..vamos q no vamos a poder hacer nada de nada …somos demasiados para juntarnos y poder hacer cualquier cosa “anteriormente normal» ….aforo máximo de seis !!!.

Este año ni siquiera vamos a poder cenar en grupo, no podemos compartir la comida, siempre la noche de Nochebuena o Nochevieja, si teníamos que trabajar cada uno llevaba un plato y preparábamos una mesa digna de cualquier buen restaurante, pero en el Hospital y cuando podíamos cenábamos ,ya fueran las 2 o 3 de la madrugada, en cuanto dábamos la primera vuelta y veíamos cómo se encontraban los pacientes, todo controlado y toda la medicación administrada …. pero este año me llevaré un sándwich !!!.

Las noches festivas de Navidad en los hospitales son muy diferentes a las que pasamos en el hogar, pero este año “se supone» que todas serán iguales .. No podremos juntarnos más de seis personas, todos con mascarillas, cada uno comerá de su plato, ni hablar de compartir, nos lavaremos las manos siempre que sea necesario y con bastante frecuencia .

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Será una Navidad diferente, muchos no podremos estar con los nuestros, algunos porque ya no están aquí y otros porque no podemos ir a visitarlos. Hay que disfrutar al máximo de quienes tenemos al lado y dar las gracias de lo que poseemos , porque este año la Navidad es diferente y tenemos que saber actuar en consecuencia.
Esperamos que todos seamos coherentes, cumpliendo todas las normas que se necesiten para mantener el virus a raya para no tener que pagar las imprudencias de los demás. Nada de fiestas, nada de reuniones clandestinas, este año es mejor estar en casa y el año que viene podremos contarlo y vivirlo mejor .

Hazlo por ti, hazlo por mi, hazlo por todos …
¡Felices Fiestas!


Moiras

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Las tres Moiras. Relieve, tumba de Alexander von der Mark, por Johann Gottfried SchadowAntigua Galería NacionalBerlín
Moiras
Ya he dicho otras veces que soy una enfermera llena de cicatrices. Brillan bajo la bata de plástico. Han hecho de mi cuerpo un mapa. Pero ya no soy eso. Al menos no del todo. Me estoy transformando. Soy un pájaro en un alambre. Doy pequeños saltos para poder guardar el equilibrio. Sólo hay una mirada hacia abajo que me separe del abismo. La gravedad tira de mí con la fuerza de una ley que me atrae hacia el suelo. Mis brazos se han cubierto de plumas. Un vencejo. Eso soy. No vuelo, me dejo caer y planeo en el aire ya desde hace meses. Los párpados han desaparecido. No puedo cerrar los ojos mientras sueño.
El aire se cuela dentro y lagrimeo a todas horas. La mano de mi hija tira de mí mientras caminamos. Reconoce el camino. Hace meses que no estamos en ese lugar vacío, pero ella sabe. Se lanza al parque. Me dice que quiere jugar mucho. Sus ojos brillan. Salta y se lanza una y otra vez en el tobogán. Mis alas quieren moverse de nuevo, pero parecen pegadas al cuerpo. Ya no puedo recordar. La vida de antes. Cuando no vivíamos de esta forma. Esa vida de abrazos. De caras con labios. Se ha diluido en un recuerdo que mi cerebro ha decidido desechar por su cuenta.
Por la noche en la UCI, desde el otro lado de la máscara y la pantalla facial, un paciente acaba de llegar. Intenta hablar. Pero apenas suenan unos silbidos. Suda. Le tiemblan las manos. Las costillas y músculos se mueven tratando de dar espacio a los pulmones. Su vida ahora es una lucha contra lo que no debería estar allí. Mucosidad, inflamación. Escucho en la esquina de la habitación el sonido de la rueca. La Moira retuerce la hebra. Es fina, casi translúcida. La Intensivista explica que es necesario intubar. La infección se ha extendido. El hombre me pide su teléfono. Busco entre sus pertenencias, que alguien ha guardado en una bolsa de plástico -necesito hablar con mi mujer- Marco el número. Intento explicar la situación y al otro lado se hace el silencio.
Fotografía: Ana Medina- UCI HUF
El hombre inspira profundo para poder hablar, pero las explosiones de tos hacen que salten las alarmas una y otra vez en el monitor. Escucho cómo trata de decir los códigos bancarios. Las cuentas. Dispone en un minuto su vida. La de su familia. Quiero abrir la ventana y separar las alas. Dejarme caer. Planear. Pero aquí está prohibido. La rueca gira y el hombre ya se ha unido al ejército de durmientes cuya existencia se divide en decúbito prono y supino. Al otro lado de la cristalera espera la hermana, la otra Moira. La de la tijera. Dispuesta a cortar el hilo en un descuido.
Al volver a casa, en el parque, escucho como unos amigos hacen planes para la Navidad. Sus voces se apagan hasta convertirse en murmullos. Han viajado. O a lo mejor lo he hecho yo. Giramos en órbitas de planetas distintos. En mi cabeza aparecen mesas navideñas llenas de sillas vacías. Me llegan susurros. Son los que llenan ahora mis sueños. Están llenos de muertos. Ahora son también mi familia. Gonzalo, Pedro, Carmen, José María…En mis ojos de vencejo ya no sois nunca más una estadística. Me doléis, como duele lo propio. Esta noche hablaremos en sueños. Mientras gira la rueca. Abriré la ventana y extenderé las alas. Sólo hay que dejarse caer.
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