NIGHTINGALE & CO

Bajo el Sol de la Toscana

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En el corazón de Italia, el catedrático de simbología de Harvard, Robert Langdon se ve arrastrado a un mundo terrorífico centrado en una de las obras maestras de la literatura más imperecederas y misteriosas de la Historia: el infierno de Dante”.  Y yo… no puedo más que rendirme a su lectura, fascinada por mi reciente viaje a la Toscana y mi devoción por Dante Alighieri.

Este verano he vuelto a visitar la Toscana, esa  bellísima  e irreductible tierra italiana, patria de mecenas y cuna del máximo esplendor renacentista. Aquél día visitamos Pisa en la jornada de la  mañana y Lucca por la tarde. Lucca es una ciudad fundada por los etruscos  que llegó a ser colonia de Roma  en el año 180 a.de C. Por eso, aún se conserva  el trazado de sus calles romanas y la Plaza San Michele ocupa el lugar del antiguo foro.  Siendo conquistada por Napoléon Bonaparte en 1805.

Cada 13 de Septiembre, Lucca  se viste de fiesta. Es un fiesta con connotación mística y religiosa ,conocida como “La procesión de la Santa Faz “(Luminara di Santa Croce). La Santa Faz de Lucca es un crucifijo de madera colocado en una capilla, un crucifijo milagroso llamado “El Volto Santo” o “Santa Faz” .

El “Santo Rostro” será llevado en procesión desde la Basílica de San Frediano a la Catedral de San Martino. El recorrido de esta procesión se engalana con miles de velas, que adornan las fachadas creando una atmósfera casi mágica.

Nos intriga su historia y la leyenda que emerge de tanta solemnidad religiosa. El Volto Santo es uno de los tesoros más grandes de Lucca y son muchas las leyendas antiguas que explican los orígenes de este peculiar crucifijo que data del siglo XI. La Santa Faz ha sido venerada desde entonces, llegando a convertirse la ciudad de  Lucca en un  lugar de peregrinación de toda Europa.

El magistral Dante incluso hizo  mención a  la “Santa Faz” en su obra maestra “La Divina Comedia”, justo  en el Canto XXI del Infierno, en el quinto hoyo,donde tramposos, extorsionadores y corruptos están cumpliendo sus condenas sumergidos en pez hirviendo y torturados por demonios equipados con ganchos afilados. Lucca albergó a este genio poeta  durante parte de su exilio.

Pasamos la tarde visitando “la ciudad de las cien torres y las cien iglesias”. Tras los últimos rayos de luz, Lucca nos recibe  vestida de sus mejores galas y alumbrada por multitud de velas y antorchas que marcan la ceremonia. Acompañando a la procesión, todo un desfile de autoridades civiles y religiosas de la ciudad. Y entre tanta expectativa, aparecen ELLAS, las enfermeras voluntarias de la Cruz Roja, con su uniforme distintivo, sabiéndose soberanas de elegancia,haciendo gala de su compromiso en primera persona  con los  más necesitados y vulnerables. Humanitarias, pacientes, serviles….

Más tarde he sabido que el cuerpo de enfermeras voluntarias de la Cruz Roja Italiana se formó en Roma en el año 1908 en el Hospital Militar de Celio, bajo el patrocinio de la reina Elena de Saboya. Ese año participaron en la asistencia y ayuda en el terremoto de Messina .Además,durante la Primera y Segunda Guerra Mundial  estuvieron  presentes en los hospitales de campaña. Desde entonces, han recibido múltiples premios y reconocimientos por su gran labor humanitaria y altruista.

Es por ello, que cada año en la Procesión  de “La Luminara di Santa Croce” disfrutan de un lugar privilegiado, conocedoras de ese honor y del reconocimiento de ese estatus ganado humildemente.

Con gran admiración me acerco a ellas, y con un tímido chapurreo en italiano, las pido poder hacerme  una foto a su lado. Sus miradas muestran bondad y dulzura, en seguida, me rodean entre ellas como si fuera  una más, y se disponen  a mostrar su mejor perfil. Agachada, esperando oír el click de la cámara, digo para mí ….. aquí está el otro gran tesoro de Lucca: El cuerpo de enfermeras voluntarias de la Cruz Roja.

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